Los problemas de cadera no evitaron que Susana siga sintiéndose joven. De hecho, los jóvenes empresarios siguen haciendo cola para conocerla y, si pueden, mantener una larga y buena relación con la rubia. El animal print sigue prevaleciendo en su millonario placard y sus salidas nocturnas no se alteraron.
Pero los años no vienen solos y, pese a su voluntad, hay cosas que ni el retoque digital ni un quirófano pueden recuperar: las manos.
Gran dolor de cabeza para Mirtha Legrand quien, desde hace años, luce guantes cada vez que puede, las manos se convirtieron en una suerte de fórmula para detectar la verdadera edad de las mujeres.
Podría decirse entonces que, en este caso, de nada sirve cortarlas al medio y contar los anillos. Con ver sus manos, cualquier desprevenido puede notar el avance del tiempo.
Con el objetivo de evitar el envejecimiento de sus manos, Susana decidió incorporar unos inmaculados guantes blancos a su ritual de “topless” en Uruguay.
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